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EL GEN BENDITO: The feel good Gene.

Imagen de Julia Ines CALZADA

- Este artículo fue escrito por el Dr. Richard A. Fridman, la traducción corre a cargo de Julia Inés Calzada

Lo más probable es que todo el mundo en este planeta haya experimentado ansiedad, esa sensación característica de inquietud y aprensión. La mayoría de nosotros damos por hecho que la ansiedad es una consecuencia ante la sensación de peligro o estrés.
Sin embargo, los médicos han sabido por mucho tiempo que hay un montón de personas que experimentan ansiedad a pesar de que en sus vidas no haya presencia de factor estresante alguno. Estas personas, no se explican de dónde les viene la ansiedad y no pocos de ellos, a pesar de años de psicoterapia, experimentan poco o ningún alivio. Es como si sufrieran de un estado mental que no tiene origen, explicación o significado psicológico.
Investigaciones recientes de la neurociencia explican que se trata de una variación genética en el cerebro que hace que algunas personas por naturaleza sean menos ansiosos y más capaces de olvidar las experiencias terribles y desagradables o bien que por lo contrario sean mucho más ansiosos y rencorosos. Esta mutación genética, produce mayores o menores niveles de anandamida, (del sánscrito ANANDA: Bendición, es la llamada molécula de la felicidad por su efecto anti estresante) en nuestros cerebros. Esta molécula es, en otras palabras la marihuana natural de nuestro cerebro.
Dicho de otro modo, algunas personas son propensas a ser menos ansiosas, simplemente porque se ganaron la lotería genética al azar, está en proceso de ser estudiado si es que sucede al azar pero lo que sí sabemos es que esta alteración genética nada tiene que ver con la fortaleza del carácter. Alrededor del 20 por ciento de los adultos estadounidenses tienen esta mutación. Lo que los hace también menos propensos a convertirse en adictos a la marihuana y, posiblemente, a otras drogas - presumiblemente debido a que no necesitan los efectos calmantes que la marihuana proporciona.

Uno de mis pacientes, un hombre de unos 40 años de edad, vino a verme porque estaba deprimido y letárgico. Él me dijo en nuestra primera reunión que había estado utilizando marihuana casi a diario durante al menos los últimos 15 años. "Se convirtió en una forma de vida", explicó. Pues bajo el efecto de la marihuana "Las cosas son más interesantes y se pueden tolerar decepciones sin tanto esfuerzo"

Pero también era claro que estaba cognitivamente aturdido por el uso crónico del cannabis y aunque era eficaz en ayudar a controlar su ansiedad, su capacidad para trabajar se había visto muy deteriorada.

Cuando por fin dejó de usar esta droga, fue claramente más alerta, reactivo y, por desgracia, más ansioso: "Definitivamente estoy más vivo pero estoy más nervioso e irritable, también."
Claramente, mi paciente había estado utilizando cannabis para sofocar su ansiedad crónica, que había sido inmune a años de psicoterapia orientada a la introspección pero afectando su desempeño en el trabajo y su capacidad de atención.
Todos tenemos anandamida de manera natural en el cerebro, pero los que han ganado la lotería genética, y tienen el gen de la suerte, es debido a que tienen menos de una enzima llamada FAAH, cuya función es la de desactivar la anandamida. Es decir, que quien tiene esta mutación tiene menos enzima FAAH y por lo tanto, mayor cantidad de anandamida en el cerebro.
Las personas con el gen variante en la enzima FAAH son menos ansiosas y por tanto menos propensas a consumir marihuana pero no sólo eso sino que de hecho, experimentan una disminución de la felicidad cuando fuman marihuana, en comparación con aquellos con el gen normal FAAH, a quienes les resulta placentero. Si usted tiene más anandamida natural que la media, es comprensible que no le guste hacer uso de la marihuana.

Los estudios demuestran que aquellos sin la variante genética sufren más cuando dejan de consumir cannabis. Este es un ejemplo de una mutación genética que confiere una ventaja: menor ansiedad y la protección contra la dependencia del cannabis - y, posiblemente, a la adicción a otras drogas, también.

Por ejemplo, un estudio basado en la comunidad de casi 2.100 voluntarios sanos encontró que las personas con dos copias del gen mutante tenían más o menos la mitad de la tasa (11 por ciento) de la dependencia de cannabis que los que tienen uno o ningún gen mutante (26 por ciento).
Curiosamente, la frecuencia de la mutación favorable FAAH difiere ampliamente entre los grupos étnicos. De acuerdo con datos recientes del HapMap, un proyecto internacional que estudia las similitudes y diferencias genéticas en los seres humanos, demostró que más o menos el 21 por ciento de los estadounidenses de ascendencia europea, el 14 por ciento de los chinos Han que viven en China y el 45 por ciento de los yoruba nigerianos, presentan esta variación genética.

Tan eficaz es el cannabis para aliviar estados mentales desagradables como para inducir en la sensación de felicidad que no es de extrañar que sea la droga ilícita más utilizada en los Estados Unidos - aunque puede ser sólo cuestión de tiempo antes de que sea legal en todos los estados. Cuarenta y cuatro por ciento de los estadounidenses de 12 años o mayores declaran haber consumido marihuana en algún momento de sus vidas, según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas.

También es probable que estos hallazgos recientes sean una pequeña parte de una historia más grande que aún no está totalmente clara. Por ejemplo, hay pruebas de que una variación genética en el receptor opioide Mu (objetivo de la morfina) OxyContin y otros opiáceos, tienen un efecto protector contra la adicción a los opiáceos.
El doctor Francis S. Lee, profesor de psiquiatría y Iva Dincheva, investigador, tanto en el Weill Cornell Medical College, junto con colegas de la Universidad de Calgary y en otras partes, tomaron el gen variante FAAH humano y lo insertaron en ratones, donde pudieron ver al gen en acción para estudiar sus efectos específicos. Ellos estudiaron simultáneamente un grupo de sujetos humanos con el gen de la variante de FAAH. (Este estudio fue publicado en “Nature Communications”.)

Efectivamente, estos ratones "humanizados" que consiguieron la variante genética que reduce la presencia de la enzima FAAH, eran menos ansiosos, como lo demuestra su pasar más tiempo en la sección abierta de un laberinto. (Ratones más ansiosos, por el contrario, prefieren la seguridad de las armas incluidas en el laberinto.) Y, al igual que las personas con este mismo gen, mostraron cambios similares en los circuitos neuronales implicados en la ansiedad y el miedo. Específicamente, tenían una mayor conectividad entre la corteza pre frontal (raciocinio: el centro de control ejecutivo) y la amígdala, que es fundamental para el procesamiento del miedo. Una conexión más fuerte entre estas dos regiones del cerebro, se traduce en baja ansiedad y un mayor control emocional.
Un aspecto relevante que hay que aclarar es que todos tenemos la capacidad de aprender de los estímulos nocivos o peligrosos por igual, es decir que tener la bendición genética de la disminución de enzima FAAH no nos convierte en menos receptivos al miedo, sino que la ventaja se localiza en la manera de procesarlo: Rápidamente y con menos ansiedad.
Así pues, parece que la naturaleza nos ha diseñado para estar en alerta máxima para el peligro: Todos aprendemos a tener miedo de las nuevas amenazas con la misma facilidad. Pero algunos de nosotros, al igual que las personas con esta mutación cannabinoide, nos olvidamos de los peligros previos con mayor facilidad y nos movemos alrededor del mundo con menos ansiedad. Este parece ser un mecanismo natural de protección de las especies: Estamos protegidos por aquellos que son más ansiosos y enriquecidos por aquellos que son más despreocupados y abiertos.

Estos estudios nos abren una interesante posibilidad para tratar no sólo los problemas de ansiedad, sino temas de abuso de drogas, atacando adicciones involucradas con el circuito de recompensa de dopamina como la cocaína, opiáceos y el alcohol ya que es posible que un medicamento que actúe directamente sobre el sistema endocannabinoide (Disminución de la Enzima FAAH) sea exitoso en el tratamiento de adicción a la marihuana y otras sustancias.
Ninguno de estos estudios debe interpretarse en el sentido de que la biología es la responsable de quienes somos. Lejos de eso. El medio ambiente, es decir, entorno, cultura, familia y sociedad, juegan un papel crítico y puede a veces incluso ganarle a la genética. Por ejemplo, se ha visto que los primates que estaban genéticamente armados con bajo riesgo de abuso de drogas pueden ser fácilmente usuarios compulsivos de drogas simplemente exponiéndolos a la cocaína o poniéndolos en situaciones de hacinamiento y estrés.

A estas alturas ya debe estar preguntándose por qué demonios tenemos receptores cannabinoides en la cabeza en el primer lugar. De hecho, se encuentran entre los más numerosos receptores en el cerebro. Y ya que estamos en el tema, también tenemos receptores opioides y los receptores de nicotina que son clave con opiáceos y nicotina. El cuerpo produce sus propias "claves" endógenos para todos estos receptores.
Si usted cree en el diseño inteligente de la naturaleza (yo estoy dentro de estos), tendríamos que acreditarle al creador un cierto sentido del humor al haber cableado nuestros cerebros para tales variadas tentaciones.

El Dr. Michael A. Nader y sus colegas de la Universidad Wake Forest descubrieron que tanto en los monos como en la gente, si los niveles de dopamina tipo 2, o D2 son bajos, los receptores en el centro de recompensa del cerebro son más propensos a autoadministrarse cocaína que los que tienen niveles altos de receptores. Pero todas las drogas de abuso causan la liberación de dopamina en el circuito de recompensa, lo que provoca una sensación de placer y deseo así que sin importar la propensión genética, cuando se expone a los animales que eran menos propensos a consumir cocaína, perdieron los receptores D2, es decir se debilitaron y comenzaron a auto-administrarse la cocaína al igual que los monos de alto riesgo.

La buena noticia es que sorprendentemente, el efecto fue reversible: Con la abstinencia, el 60 por ciento de los niveles de receptores D2 los primates normalizó. La clara implicación es que probablemente nadie - independientemente de riesgo genético - puede convertirse en adicto en el entorno adecuado –abstinencia-.

El hecho es que todos estamos caminando por ahí con una mezcla aleatoria y totalmente injusta de variantes genéticas que nos hacen más o menos traquilos, ansiosos, deprimidos o propensos a consumir drogas. Algunas personas podrían encontrar un alivio al descubrir que tenían una variante genética que les hizo, naturalmente, más ansiosos - que estaban cableados para la ansiedad, no que son débiles - incluso si en este momento no hay una solución exacta. Mi paciente se benefició enormemente de medicamentos antidepresivos y de la meditación. Pero las técnicas de medicamentos psicotrópicos (marihuana) y la terapia de relajación, no ayudan a todos. ¿Así que, qué está mal con el uso de la marihuana como medio para tratar la ansiedad?

El problema es que el uso excesivo de cannabis domina al sistema cannabinoide del cerebro, y hay pruebas de que el uso crónico puede no sólo aliviar la ansiedad sino también interferir con las habilidades de aprendizaje y memoria. Lo que realmente necesitamos es un medicamento que puede aumentar la anandamida - nuestra molécula de la felicidad - para aquellos que están genéticamente desfavorecidos. Manténganse al tanto.

Ver el artículo en el NYTimes http://www.nytimes.com/2015/03/08/opinion/sunday/the-feel-good-gene.html...

Richard A. Fridman para The New York Times. Traducción de Julia Inés Calzada para Escuela de la Vida.
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Julia Ines CALZADA
Fundadora de “Escuela de La Vida”, contenidos que inspiran a la creación colectiva y a la reinvención del individuo.