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Estoy perdiendo la memoria y no puedo tomar decisiones simples.

Imagen de Arturo González Isla

Por Arturo González Isla.

Candidato a Doctor en Ciencias Biomédicas UNAM

Imagina que un día despiertas y cuando abres los ojos y observas tu rostro en el espejo te llevas la sorpresa de encontrar a alguien ajeno. Se estima que para el año 2050 más de 100 millones de personas padecerán este tipo de demencia. Provocando una epidemia que derivará en un alto costo monetario y social para los gobiernos.

Durante los primeros miles de años de desarrollo del ser humano como especie, la necesidad de estar en constante movimiento para alimentarnos y sobrevivir ha sido imperante. Desde nuestros ancestros cazando animales o recolectando frutos nuestro cuerpo se ha ido adaptando constantemente al medio ambiente,promoviendo que aquellos con mejor condición física y mayor cohesión de grupo pudieran sobrevivir para preservar sus genes a la siguiente generación. Sin embargo, con el desarrollo de las herramientas, la necesidad de movernos para sobrevivir ha ido cada vez más en declive.

Después de la revolución industrial, la producción y el estilo de vida se fue alejando cada vez más del campo (caracterizado en su mayoría por trabajos que requieren esfuerzo físico) y acercándose a un estilo de vida citadino en donde el desarrollo de la tecnología nos ha permitido tener una mayor cantidad de servicios disponibles a un menor esfuerzo físico, llevándonos inevitablemente a una de las más grandes epidemias en la actualidad: el sedentarismo. Al principio el sedentarismo (en un sentido antropológico) no estaba nada mal. No tener que peregrinar durante toda la vida le permitió a los seres humanos utilizar su energía en otras actividades.

Sin embargo, la falta de movimiento y de actividad física se ha convertido en un problema de salud pública, llevando a un aumento en la incidencia de enfermedades como la obesidad, la diabetes y la hipertensión. Sumado a esto, la esperanza de vida ha ido en aumento durante el último siglo al igual que patologías relacionadas con el envejecimiento como las demencias. En particular, se caracterizado que la Enfermedad de Alzheimer (EA) ha aumentado
exponencialmente.
Imagina que un día despiertas y cuando abres los ojos observas una habitación que no es la tuya, te sientas sobre tu cama y te das cuenta que todo el mobiliario a tu alrededor es ajeno al que tenías en casa. Volteas para abajo y estás vestido con una bata de hospital blanca con puntos. Te levantas y te acercas al baño de la habitación. Observas tu rostro en el espejo y te llevas la sorpresa de encontrar alguien ajeno. ¿Acaso el que te observa eres tú? Sales aturdido de la habitación a un pasillo alfombrado con muchas habitaciones a cada uno de los lados, caminas hasta el fondo y al dar la vuela chocas con un hombre vestido de blanco. -¿Se encuentra bien? -. Te pregunta el hombre. Tú no sabes qué responder, te sientes aturdido, comienzas a marearte, todo se nubla a tu alrededor y de repente caes desmayado. Cuando despiertas, estas acostado de nuevo en la cama. El hombre que te encontraste está sentado a tu lado y se presenta como tu enfermero. Te dice que tuviste un episodio de amnesia, que todo estará bien y que te encuentras en una casa de reposo en la que llevas varios años. De repente, todo adquiere sentido. Está es una realidad que viven los pacientes con EA (Enfermedad de Alzheimer) en etapas avanzadas. La EA se caracteriza por una pérdida progresiva de las funciones cognoscitivas en particular la memoria. Durante el desarrollo de la enfermedad existe un aumento paulatino de una proteína denominada β-amiloide que se va acumulando hasta formar estructuras denominadas placas seniles. Se ha caracterizado que esta proteína es capaz de alterar la función de estructuras cerebrales relacionadas con el aprendizaje y la memoria como el hipocampo y la corteza cerebral. Evidencias recientes indican que las alteraciones producidas por la proteína β-amiloide en etapas tempranas de la EA son de tipo prevenible o reversible. Sin embargo, conforme va avanzando la patología, las alteraciones se vuelven de carácterirreversible provocando la muerte masiva de neuronas de estas regiones.Debido a esto, tanto la industria farmacéutica como las universidades han enfocado sus esfuerzos en desarrollar estrategias farmacológicas que prevengan o reviertan la aparición de estos síntomas en los pacientes a través de regular sistemas neuroquímicos específicos, disminuir la cantidad de proteína β-amiloide a través de fármacos o bien regular la producción de la misma todas ellas con resultados poco concluyentes.

Recientemente diversos grupos de investigación han volteado a una estrategia que se encontraba ahí todo el tiempo pero que pasó desapercibida por años: la actividad física a través del ejercicio. Los resultados de diversos estudios indican que aquellas personas mayores de 65 años que realizaban ejercicio físico al menos 3 veces por semana tiene una probabilidad menor de padecer EA. Asimismo, en diversos modelos animales que presentan características similares a la EA, el ejercicio físicofue capaz de prevenir las alteraciones en el aprendizaje y la memoria producidaspor la proteína β-amiloide. En un estudio reciente de nuestro grupo de trabajo encontramos que solo 3 semanas de ejercicio son capaces de promover cambios fisiológicos en el hipocampo que lo hacen resistente a las alteraciones producidas por la proteína β-amiloide.

El efecto protector derivado del ejercicio depende de muchas cosas: por un lado, el ejercicio aumenta la oxigenación cerebral y también es capaz de promover la liberación de sustancias en el cerebro denominadas factores tróficos. Los factores tróficos son responsables de muchos procesos de maduración en el sistema nervioso en desarrollo y en el cerebro adulto se ha caracterizado que los factores tróficos promueven la generación de nuevas neuronas, así como el potenciación y mantenimiento de las conexiones neuronales denominadas sinapsis. Por otro lado,se ha caracteriza que el ejercicio es capaz de proteger al cerebro a través de la reducción de sustancias toxicas como las especies reactivas de oxígeno y por supuesto, se ha caracterizado que el ejercicio es capaz de disminuir los niveles de proteína β-amiloide tanto en pacientes como en diferentes modelos animales de la EA.

Descartes creía en su dualismo que el cuerpo y la mente estaban separados, sin embargo, cada día las neurociencias nos permiten conocer que ambos constructos no pueden ser conceptualizados el uno sin el otro. Las evidencias apuntan a que el hecho de ejercitar nuestro cuerpo promueve cambios fisiológicos reales en la fisiología de nuestro cerebro. Más allá de todos los beneficios en la salud inherentesa la actividad física, el abandonar nuestra vida sedentaria puede prevenir que durante nuestra vejez padezcamos alguna de las múltiples enfermedades neurodegenerativas como la EA, por eso es importante recordar que el ejercitar tu cuerpo el día de hoy protegerá tu mente el día de mañana.

Dudas o comentarias escríbanme a: [email protected]

Saludos a todos!

PD. ¿Crees que tienes Alzheimer? Si contestas a más de una de forma positiva, tienes que ir a realizarte un TEST en El Instituto de psiquiatría o neurología más cercano a tu domicilio.
Cambios normales del envejecimiento y cambios x Alzheimer
La Asociación de Alzheimer elaboró una lista de situaciones esperables debido al envejecimiento y las diferenció de los síntomas del Alzheimer .

Toma de decisiones: Que la persona tome una mala decisión de vez en cuando puede ser a causa de la edad, sin embargo la imposibilidad de tomar decisiones y tener el juicio alterado puede ser síntoma de Alzheimer .
Relación con el dinero: olvidarse de realizar un pago puede ser algo normal, pero la inhabilidad para administrar un presupuesto puede ser síntoma de la enfermedad.
Orientación en el tiempo y el espacio: olvidarse qué día es y después recordarlo es un efecto del envejecimiento, no saber qué fecha estamos o la estación del año y no recordarlo, es síntoma de Alzheimer .
Hilación de palabras: es lógico que con la edad la capacidad de sostener una conversación se vea un poco alterada pero la inhabilidad en obtener la palabra deseada y no poder sostener una conversación puede ser síntoma de Alzheimer .
Pérdida de cosas: perder las cosas de vez en cuando es una cosa normal, otra cosa es guardarlas y nunca más poder encontrarlas.

ESCUELA DE LA VIDA/ INB UNAM
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Arturo González Isla
Biografía: Licenciado en Psicología por la UNAM, actualmente candidato a Doctor en Ciencias por la misma casa de estudios.