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La mágia de llorar por @Patricia_Zepeda

Imagen de Patricia ZEPEDA

Cuando el alma llora, mas allá de sonar poético le encuentro un tono liberador, conozco mucha gente que no le gusta externar sus emociones por no perder la compostura o por no permitir que los demás puedan llegar a ver que tienes ese rasgo de debilidad o que somos personas frágiles.

De manera personal viví una etapa de duelo muy fuerte en mi vida la cual me llevo a un bloqueo emocional y durante mucho tiempo no pude llorar, sentía la necesidad, tenía el dolor a flor de piel, el llamado nudo en la garganta pero no había lágrimas en mis ojos, después de un largo proceso las lágrimas llegaron y con ello un sentimiento de alivio y liberación.

Si tenemos esa capacidad no hay motivos para reprimirla, es tan necesaria como reír, como respirar, etc. Tanto los buenos momentos como los malos, un día van a pasar entonces ¿por qué no vivirlos y experimentarlos al máximo? vida sólo tenemos una.

Hace poco me encontré con un artículo que hablaba precisamente de este tema y donde estaba comprobado con diversos estudios que llorar libera emociones reprimidas, disminuye la tensión arterial, ayuda a relajar los músculos y le hace bien al alma. En realidad creo que todos de alguna manera lo hemos sentido y lo hemos vivido, esa liberación que nos ha llevado incluso en ocasiones a llorar hasta quedarnos dormidos.

El proceso del llanto se activa en los centros cerebrales cuando estos perciben nuestro estado de ánimo, ya sea tristeza, alegría, placer, impotencia, felicidad, nostalgia y esta información es llevada por todo nuestro sistema nervioso parasimpático el cual es el encargado de controlar las emociones corporales y es ahí cuando las lágrimas brotan.

Hipócrates, el padre de la medicina recomendaba llorar para cerrar ciclos y liberar etapas de la vida humana, decía que las lágrimas eran como un fluido emocional que aprisionaba al ser humano y derramarlas era desprenderse de algo que lastimaba al cuerpo, algo que le causaba aprisionamiento, ansiedad y también ciertas enfermedades.

Darwin por su parte, aseguraba que las lágrimas eran un efecto secundario de necesitar ayuda y pedir auxilio.

Otro punto comprobado e importante es que las lágrimas contienen sales, enzimas y hormonas del estrés tales como la prolactina la cual es expulsada por el cerebro cuando vivimos emociones intensas, al parecer cuando lloramos expulsamos de nuestro cuerpo esta sustancia química y eso nos lleva a sentirnos mejor. Esto hace que llorar no sólo sea liberador sino saludable y necesario.

En sí, el llanto puede llegar a ser una respuesta muy saludable para nuestro cuerpo y también para nuestra alma, ya que por medio del mismo podemos llegar a conectar con lo más profundo de nuestro ser.

Otro punto importantísimo que me gustaría aclarar es que llorar no es exclusivo de las mujeres esa es una idea completamente machista y absurda pues tanto hombres como mujeres tenemos la misma capacidad de experimentar los mismos sentimientos y por lo tanto de mostrar sensibilidad porque somos humanos.

Es importante recalcar que los niños cuando son pequeños logran obtener lo que necesitan por medio del llanto, pues es su única manera de expresarse pero cuando somos adultos esto cambia ya que no podemos cambiar las situaciones que nos lastiman llorando, por el contrario, debemos buscar desahogarnos a través del diálogo y al negociación, una manera más tranquila, aliviada y sensata.

Así que dejemos los mitos atrás de que llorar es un signo de debilidad, y tengamos presente que llorar es sano para nuestro cuerpo y brinda alivio para nuestra alma.

Dudas, comentarios, críticas y demás. Todos bienvenidos en twitter @Patricia_Zepeda y [email protected]

ESCUELA DE LA VIDA
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Patricia ZEPEDA
Patricia Zepeda Actriz, especializada en arte dramático por la escuela Arte Escénico M.P. y la facultad de teatro de Xalapa Ver. Productora asociada de la empresa Butaca Films. Guionista y productora asociada de la serie 91.Miedo. Licenciada en Psicología y en educación infantil. Profesora de literatura mexicana e hispanoamericana.